Mis entrevistas inacabadas: Luis García Berlanga



El día que hablé por primera vez con director de cine Luis Gª Berlanga (Valencia1921-Madrid 2010) me pareció estar delante de un personaje de una de sus películas, un abuelo travieso y algo excéntrico que no duda en tratar a alguien que acaba de conocer como si fuera un amigo de toda la vida. Con la misma naturalidad de ese pariente que llega sonriendo a una comida familiar y la dueña de la casa recibe con cierta prevención porque no sabe si va a tirar un churrusco de pan en la mesa o mirar las piernas de una invitada por debajo del mantel. (Leer más)

Hace unos años, un amigo mío, José Alcalá Zamora, historiador , académico y poeta me preguntó.
-¿Te gustaría comer con  Berlanga? He quedado con él y me ha dicho que puedo traer a una amiga, sería estupendo que llevaras tacones lo mas altos posibles, a los dos nos gustan las mujeres con tacones de aguja y además a Berlanga le encanta mi poesía erótica donde hay mucho fetichismo.
Pepe y yo le esperamos en un restaurante italiano, bastante corriente, a pocos pasos de su casa. Si hay algo de lo que carece Berlanga es de la más mínima afectación por lo que cuando lo vimos aparecer y dirigirse hacia la mesa en la que nos encontrábamos, tras saludar a los camareros con la cordialidad de un viejo cliente, nadie hubiera pensado que ese anciano optimista que nos hacía un gesto desde el otro lado de la habitación era el autor de varias de las películas más importantes del cine español de la posguerra.
       En realidad cualquiera que conozca la obra de Luis García Berlanga sabe que la inteligencia de su humor está tamizada por una profunda comprensión de la naturaleza humana. Y tal vez por ello, él mismo se mostraba con sus defectos y debilidades, sus gustos y sus pasiones con la misma naturalidad con  que lo hacen sus tipos más emblemáticos. Sin darse la mayor importancia.
       Cuando Pepe le comentó ¡Como si fuera algo muy original! que yo le consideraba el mejor director de cine español de los últimos tiempos, Berlanga contestó
-Sí, eso dicen-,  con el mismo tono de voz con el que hubiera dicho que la pasta estaba muy buena y añadió .
-Si te apetece escribir un libro sobre mí, esta misma tarde puedes hacerme una entrevista, en el caso de que  te venga bien.
-Asentí y pasamos a a hablar  de los temas que a Berlanga le interesaban últimamente: los tacones, mejor cuanto más altos, las medias en lugar de los leotardos, o esas que hay ahora para las que no hace falta ligero y acaban en una especie de liga redonda. Tras discutir, entre todos, las ventajas y desventajas de los distintos aditamentos de la lencería. Luis García Berlanga nos contó  que, al parecer, existen en el barrio de Salamanca, escondidos detrás de fachadas decimonónicas aparentemente inocuas, unos lugares llamados establos, dotados de látigos, amas y servidores al más puro estilo de Enmanuelle o Belle de jour.  El interés del cineasta por el erotismo no es nuevo, ya que desde el año 1979, fecha de la creación del Premio de Narrativa Erótica  "La sonrisa vertical" de la editorial Tusquets, suspendido en 2004, Berlanga fue presidente del jurado y director de la colección.
       Seguimos tomando pasta y ensalada y charlando como viejos amigos. Con Berlanga es fácil sentirse en casa, hablar de las cosas que se cuentan en ese tipo de sitios sin grandes pretensiones como el restaurante italiano de la esquina: familia, aficiones, sucedidos.  De su economía doméstica, de su mujer, María Jesús. Cuando, en el curso de la conversación, mencionó fugazmente a su hijo músico, Carlos, que participó activamente en la Movida Madrileña, y había fallecido en el 2002, por primera vez, vi en su cara una sombra de tristeza. Probablemente hablamos también de cine pero, curiosamente, ese es el capítulo que menos recuerdo de nuestra conversación en esa comida.
       Al acabar el almuerzo habíamos decidido que los tres iríamos a su oficina, a pocos metros del restaurancito, para que yo le entrevistara, quizás un preludio del material para mi nuevo libro sobre él.  Cuando llegamos allí,  Berlanga abrió la puerta,  manipulando trabajosamente con su llave, lo que le llevó algunos segundos más de lo habitual debido a su pulso tembloroso de viejo. Entonces los vimos:  una cuadrilla, que parecía sacada de una de sus mejores escenas de plano secuencia se dirigía hacia nosotros con un ímpetu insospechado para esa hora de la siesta, enarbolando cámaras de cine, micrófonos y grabadoras.
-¡Ay va! nos dijo, si se me había olvidado que hoy tenía programada una entrevista con la televisión italiana.
       Nos despedimos dándole las gracias. Yo nunca lo volví a ver y el libro sobre él fue uno de tantos posibles proyectos que jamás se llegan a realizar.  Después, de vez en cuando, Pepe Alcalá Zamora me daba alguna noticia suya: cada vez salía menos de casa.
       Más tarde  leí que dos años antes de morir, ya bastante enfermo, Luis García Berlanga depositó en la caja de 1.034 de las letras del Instituto Cervantes un sobre que contiene un secreto y pidió que no se revelase hasta junio del 2021, cuando se cumpliera el centenario de su nacimiento.
        Pertenezco al  grupo de gente que piensa que si un alien quisiera saber que ocurre en una tierra llamado España y cómo era la gente en la última mitad del pasado siglo, solo tendría que
 meterse en una filmoteca y ver  todas las películas de Luis García Berlanga. Pero mi experiencia es que, a menudo, los genios que nos ha impresionado por sus logros notables en distintos campos no está a la altura de nuestras expectativas cuando llegamos a verlos en persona, en eso, como en tantas cosas, el director de cine era una excepción. Es difícil que alguien que conociera a Berlanga  no sintiera de inmediato simpatía por él, como si su inteligencia y su sentido del humor le sirvieran para entender mejor a esa desastrosa humanidad de la que él también formaba parte.




Última entrevista de Luis García Berlanga

Comentarios

  1. Uno de mis personajes favoritos Teresa. Me ha encantado el post. Un abrazo

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    1. Juan Carlos, te agradezco mucho tu comentario. Lo cierto es que Berlanga es un personaje tierno y cercano, aparte de su enorme talento.

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