Entrevista al ganador del Premio Planeta, Javier Sierra











A Javier Sierra, 45 años, periodista e investigador de enigmas, que acaba de ganar el Premio Planeta  con "El fuego invisible", un thriller con el Grial como fondo, le fascinan los mitos de hace un milenio.
El galardón, concedido a este periodista e investigador de enigmas, revindica su vocación de super ventas versado en misterios históricos. 


 
«No existe una fórmula secreta ni mágica, ni mucho menos una receta infalible para llevar un libro al éxito».




Empezó devorando a Julio Verne, aunque tardó poco en caer fascinado por Agatha Christie o Conan Doyle. Después vinieron los escritores de ensayo como Erich von Däniken o J. J. Benítez. Y el deslumbramiento de Christian Jacq o el interés por la visión de las civilizaciones antiguas de autores que acabaron convirtiéndose en amigos como Robert Bauval o Graham Hancock. Hoy lee autores clásicos. Shakespeare está en su mesilla de noche y Homero no anda lejos. Pero también le gustan clásicos vivos como Juan Eslava Galán o autores como Matilde Asensi o Umberto Eco. «Soy un lector ecléctico», dice.

¿Cuál es su visión sobre el futuro de los libros y de la literatura?

Es que Internet lo ha cambiado todo. Ahora mismo un lector en medio de la Amazonia brasileña puede acceder a la última novedad editorial española en cuestión de segundos. Pero el cambio es más profundo en lo que se refiere a la distribución de obras. Afecta también a la forma en que autores y lectores se comunican, al modo en que los escritores comprenden qué interesa a quienes le leen, e incluso al modo de escribir. Yo vislumbro un futuro muy prometedor para el libro, pero también muy exigente. Nos va a obligar a todos a actualizarnos a gran velocidad… Aunque la lectura literaria, con Internet o sin él, siempre será algo lento. Y eso tampoco debe olvidarse.

P- Usted es el primer escritor español que ha entrado en el top ten de la lista de los más vendidos de Estados Unidos. Su obra La cena secreta se ha editado en 42 países. Otras novelas suyas como El maestro del Prado, han batido records de ventas en España ¿Con qué tipo de alquimia se consigue eso?

R-No existe una fórmula secreta ni mágica, ni mucho menos una receta infalible para llevar un libro al éxito. Quizá eso explique por qué mis obras son todas tan diferentes entre sí, aunque tengan hilos sutiles que los unan. Mi única preocupación es que mis libros contengan verdad. Mi verdad, naturalmente.

P-¿El final natural de todo escritor de best sellers es el cine o la televisión?

En estos años ha habido varios intentos de llevar obras mías al cine, pero los productores casi siempre tropiezan con dos obstáculos: mis novelas son caras de filmar y, salvo La pirámide inmortal, el componente romance o sexo están en un segundo plano. Yo, desde luego, creo que ambos son escollos salvables y de hecho sobre mi mesa de trabajo hay ahora una propuesta internacional que podría vencerlos al fin. Veremos. No tengo prisa…

¿Cómo es su método de trabajo? ¿De dónde obtiene sus fuentes de información para tanto enigma histórico?

Durante años he invertido mucho más tiempo en investigar que en escribir. El propósito último de mi obra no es otro que el de despertar la curiosidad del lector por el gran enigma. Seguimos sin poder responder aquellas preguntas que los filósofos de la Grecia de Platón se hacían. Apenas sabemos de dónde venimos, e ignoramos por completo a dónde vamos. Yo bebo de esas incógnitas, tratando de encontrar una respuesta imaginativa por la vía de la ficción literaria. Ése es mi método.

Todo escritor que alcanza el éxito ha de lidiar con sus imitadores; ¿quiénes son los suyos? Por cierto, ¿cuáles son sus puntos fuertes?

Mi punto fuerte… Creo que lo mío es preguntarme primero y tratar de resolver lo irresoluble después. En cuanto a los imitadores, le diré lo que pienso, sinceramente: ¡ojalá hubiera más! Vivimos una etapa en la que la trivialización ha alcanzado también a la esfera literaria, corrompiendo el propósito primero de la literatura, que no era otro que iluminar desde dentro a los lectores. Cuantos más autores se propongan esta noble tarea, más probabilidades de evolucionar tendrá nuestra especie.

"Los bloggers y los creadores de opinión en redes sociales hacen una gran labor"


A veces los críticos literarios desconfían de los autores superventas; ¿cómo es su relación con ellos? ¿Cree que la crítica profesional acabará siendo sustituida por las reseñas de los lectores en las plataformas de lectura y los blogs?


La crítica profesional ha empequeñecido mucho en todo el mundo en la última década. Las presiones comerciales sobre los suplementos literarios importantes ha hecho que se reduzca la presencia de verdaderos críticos en ellos. Por otra parte, que algunos periódicos con esta clase de suplementos cuenten con editoriales de libros propias hace desconfiar de su objetividad. Es lógico. Y ese panorama hace que se haya perdido mucha influencia sobre los lectores. También hay que admitir que un crítico no siempre es el mejor guía para un lector. A menudo lectores y críticos buscan cosas muy diferentes y el entendimiento se hace difícil. Por eso, ese hueco lo han llenado lectores que recomiendan a lectores. Esos son los bloggers y los creadores de opinión en redes sociales. Hacen una gran labor. Y creo que más pronto que tarde se les reconocerá.

¿Su obra se puede encuadrar dentro de la literatura popular, apropiada para un gran número de lectores, o cree que no existe distinción entre la literatura de masas y lo que hasta ahora se llamaba alta cultura?

Yo no hago distingos entre alta y baja cultura. Creo que esa óptica tiene mucho de xenofobia cultural, de limitante. Creo que debemos respetar todo lo que se crea, teniendo claro que será el tiempo quien decida si esos textos serán clásicos o no. Y aun cuando tan implacable juez los condene, seguirán siendo cultura…



¿Cuáles son sus proyectos de futuro? ¿Cómo es un día normal de su vida, qué aficiones tiene cuando no escribe?

Mi proyecto más inmediato es terminar una novela que se me resiste y lanzarme a poner orden en los miles de notas que tengo para la continuación de El maestro del Prado. Lo haré cuando llegue el tiempo justo, porque en esta etapa de mi vida estoy dedicándole tiempo a otra clase de libro: a la educación de mis hijos. Jugar con ellos, enseñarles lo que creo es interesante, imaginar a su lado otros mundos es ahora misión y afición a la vez.




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