TEATRO. "La tumba de María Zambrano": Licencia para aburrir





Para Alessandro Baricco, los grandes nombres de la cultura se han convertido, en nuestros días, en marcas comerciales.  Según ese supuesto,  una filósofa de prestigio  como María Zambrano es una buena excusa para, de paso, promover la marca del autor que escribe una obra de teatro basada en este personaje. Hasta ahí, nada que objetar, hay magníficas obras  en torno a figuras de renombre. El problema es cuando el resultado es tan pobre que resulta mucho más conveniente leer a la intelectual, en  cuestión, que ver la función, representada a su mayor gloria. 

En el texto explicativo, que se reparte a la entrada de la sala del Teatro  Valle Inclán donde se representa la obra, se dice: "María Zambrano no cejó en la búsqueda de una filosofía que fuera útil para la vida cotidiana. Y la encontró. Encontró la razón poética y el sueño creador, dos de su aportaciones más relevantes. Nosotros hemos intentado aunar ambos legados". En mi opinión, "La tumba de María Zambrano" consigue el efecto de reflejar, al tiempo,  poesía y  creación en la magnífica escenografía del italiano Alessio Meloni, ayudado por un excelente equipo artístico que plasma la atmósfera adecuada mediante: decoración, coreografía, audiovisuales y música. 


El texto dramático es plano, sin vida ni emoción



Pero, el texto dramático, en cambio; lo que debería ser la esencia del tejido que pone en pie la obra, la voz, que habría de introducirnos en otra voz,  la de María Zambrano, es soso, plano, carente de vida y de emoción 
Los silencios de un guión no convierten a su autor en Igmar Bergman.  Demasiadas veces el teatro actual nos muestra un núcleo vacío,  carente de sustancia, en lo que debería ser la urdimbre que da vida a la creación artística. Muchos autores de teatro, en el fondo, no saben escribir una obra dramática, ni manejar los tiempos y los diálogos de manera que hagan latir el corazón de la puesta en escena y "La tumba de María Zambrano" participa de esas características: una interpretación correcta para el  buen envoltorio de una fruta sin hueso, un producto de plástico, fabricado para ser consumido en el tiempo que dura la función.
En cualquier caso, si eso ha servido,  para que alguien se acerque a los libros de María Zambrano, (que por cierto tampoco se venden entre los títulos que, en torno a su figura, se despliegan sobre una mesa, a la entrada del teatro),  habrá merecido la pena.



La filósofa, de joven

"La tumba de María Zambrano"
Pieza poética en un sueño
Autora: Nieves Rodríguez Rodríguez, Jana Pacheco
Dirección con: Ernesto Caballero
Reparto: Niño: Oscar Allo
Araceli: Isabel Dimas
María Zambrano: Aurora Herrero
Padre: Daniel Méndez
María niña: Irene Serrano
Escenografía: Alessio Meloni






Comentarios

  1. Espléndida tu critica Teresa. Ciertamente, la figura de la pensadora queda inédita para el espectador excepto en detalles que no desvelan su profundidad intelectual y vital.

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    1. Yo creo que es más difícil de lo que parece captar profundamente algo de la personalidad artística o humana de un personaje como María Zambrano y esta obra, en mi opinión, no lo consigue.

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